05 abril 2007

El vino, la música y la ópera

Para intentar comprender la relación entre vino y música operística que desde siempre ha interesado al alma humana a lo mejor nos puede ayudar una cita de Martín Lutero Los artistas y los músicos de manera muy personal han evidenciado esta relación no sólo por sus componentes estéticas sino por los reflejos en la vida, en la sociedad y por sus componentes simbólicas.
Dicen que el genio es creado por la locura, por el alcohol y por otras sustancias que le hacen a uno evadir y encontrar el estímulo genial, pero todos sabemos que esta es la leyenda que acompaña a todas las profesiones que dependen de una habilidad difícil de concretar, por dotes naturales extraordinarias y poco medibles con parámetros “normales”. El genio existe de por sí, pero lo que sí es cierto es de que puede beneficiarse de estimulaciones exteriores y obtener de ellas beneficios.
Y el vino, sana y buenísima bebida, ha tenido para los músicos un indiscutible y ventajoso influjo. Las musas de las artes eran bien conscientes de ello, primera entre todas Euterpe, musa de la historia, de la que queda bien manifiesta su afición al vino. Y es a través de la historia que conocemos la buena relación que siempre ha existido entre los músicos de todos los tiempos y el vino pero es en el siglo XIX y la primera mitad del XX donde esta provechosa relación queda manifiesta. Se trata de la época de oro de la música operística y del melodrama y los más grandes músicos de este tiempo fueron buenos bebedores y sus vidas estas atadas a numerosas anécdotas enológicas. Donizetti amaba el vino y algunos testimonios malignos decían que de este sacaba su inspiración. En el "Elisir d'amore" todo el segundo acto es un brindis y uno de los personajes el Doctor Dulcamara dirá que no se trata de elixir sino de un buen bordeaux. En la opera "Figlia del reggimento" , primer acto suena: mientras en el segundo acto entre los soldados que se llevan Ortemio hay una gran distribución de botellas de vino.
Rossini fue un notable amante de la buena mesa, gran bebedor y gran comedor y su personalidad a menudo se traslada en sus obras. En el "Barbiere di Siviglia" primer acto Figaro aconseja al conde emborracharse.
En la “Sonnambula” de Bellini, Lisa es una tabernera y todo el segundo acto se desarrolla en una taberna.
Giordano hace cantar a la mulata Bersi en la “Andrea Chenier”:<>.
También en la muy triste “I Pagliacci” di Leoncavallo es con una invitación a beber que Canio abre el segundo acto:<>
Y Ponchielli en el segundo acto de la “Gioconda” hace cantar a los marineros:<>.
Puccini, después del éxito de la opera “Le Villa” del 1884, con el dinero ganado podrá pagar los seis meses de cuenta pendiente el la taberna Aida de Milán, donde había consumido modestas comidas pero siempre regada por abundante y buen vino. Su opera "Fanciulla del West" está escenificada en un saloon americano.
Giuseppina Strepponi, mujer de Verdi, así escribía a una amiga:. Aunque esto no era siempre verdad, en su finca de Busseto (Parma) notorias son las cosechas de buena Malvasia y cuando estaba en Francia su afición por el Bordeaux era bien notoria. El gran Maestro siempre había mirado al vino con dulce propensión y se enorgullecía de no haberse nunca emborrachado pero es cierto que utiliza el vino en casi todas sus operas, en las escenas, en los diálogos, en los brindisis. Sparafucile, en "Rigoletto", trabaja en una cantina, donde sirve vino al duque. Es de la "Traviata" la celebre aria "Libiamo nei lieti calici". Otra escena de taberna se encuentra en la "Forza del destino" donde las taberneras sirven abundante vino a los soldados. Y un verdadero himno al vino, finalmente, es el cuarto acto de "Falstaff".
Y el último en orden cronológico es Mascagni. Turiddu, hijo de una tabernera, es inolvidable con "quel bicchiere di vino spumeggiante" en "Cavalleria rusticana". Mascagni, en 1934, viajó a Noto (Sicilia) para intentar dirigir su "Cavalleria": pero aquí pasó los vente días de su estancia sobre las orillas de un río pescando truchas que, escribió,:<> y bebió mucho vino. El rosado de Saccolino, el blanco de San Lorenzo, el Moscato de Noto. Una placa conmemorativa escondida entre la vegetación todavía recuerda el lugar escogido por el músico a orillas del rio.
Pero no solo los músicos italianos han amado el vino. Mozart, en su "Don Giovanni" recuerda al vino veneto Marzemino que sirven en la cena que precede la fatal estrechada de manos del Commendatore.
Massenet, amante del buen vino, es el protagonista de lal siguiente anécdota: en una taberna le sirvieron vino malo y cuando se levantó para marchar, fingiendo el llanto, abrazó el tabernero. Cuando este le preguntó el motivo Massenet le contestó:.
Beethoven amaba los vinos de Budapest y los ligeros vinos de Austria, que bebía abundandantemnte en la mesa; por la noche prefería una cerveza degustada en un café. Y cuando enfermó en su casa de Viena en 1827 intentó sin éxito curarse con vino y huevos.
Y por ultimo el austriaco Gluck, reformador del melodrama, que amó de tal forma el vino que cuando llegóo a la celebridad se hizo retratar en un cuadro con una copa de vino en la mano mientras su mujer le sirve.

Lamentablemente también existieron músicos abstemios. Y entre los pocos inmunes a la fascinación del vino fue Wagner. En "Walkiria", Sigmund ofrece a un peregrino sin fuerzas una copa llena de agua con las palabras:<>.
Y tambien Chopin era abstemio: terribles eran sus cambios de humor. George Sand escribe que Chopin compuso en “Preludio nr. 15” en el convento de Valldemosa bajo la obsesionante impresión del ruido de una gota de agua. Compuso también la “Sonata en si bemol” mientras se imaginaba sumergido en un lago y gotas de agua helada le caían pesadas sobre el pecho. ¿Posiblemente una copa de vino le hubiera aliviado tanta pesadumbre?
El vinculo vino-música también llama la atención de aquellos que la música la escuchan y no sólo la componen, y de aquellos que en ella encuentran la plenitud reconfortante de su espíritu. Es suficiente observar los numerosos frescos, grabados, cuadros de todas las épocas (egipcia, griega, persa, latina) y encontrar músicos que acompañan banquetes y fastuosas formas de beber. Pero no sólo la expresión pagana acompañaba a festejar y deleitar en banquetes y festividades con vinos y música, sino que en el "Eclesiastés" se lee "Vinum et música laetificant cor".
Esta costumbre de tocar música durante los banquetes se ha prologado en los siglos. En la corte de los reyes de Francia se crearon músicas especiales para acompañar a los banquetes reales: el maestro de música de Luis XIV escribió una pieza titulada "Pour les souper du Roy".
El la segunda mitad del siglo XVII nace el café-chantant: todos los restaurantes de moda tienen a una orquestina que toca mientras sus clientes toman champagne.
Hoy la tradición se mantiene en tabernas, pubs o pequeños restaurantes donde solistas con guitarra o pequeños grupos populares entretienen a los comensales. Es una lastima: porqué donde hay música siempre se consume más alcohol.
El resultado de esta operación siempre es el mismo: música y vino van de par en par, es mas se integran y donde hay música siempre habrá amor por el buen vino.