21 julio 2006

Mr. Chocolate, el seductor

Lejos de ser solamente objeto de un acto fisiológico, la comida es comunicación, simbología, acto social, expresivo, artístico. Detrás de un gesto básico para la satisfacción de una necesidad primaria, se esconde un imaginario cultural y psicológico que transforma su materialidad en temas de narración y códigos sociales que engloban cada aspecto de la vida interior del hombre.

La comida también es símbolo de transformación. En antiguas civilizaciones comer significaba incorporar al dios mismo y a sus poderes. El principio homeopático de la adquisición del similar a lo similar es uno de los principios mágicos por excelencia. Esta mágica propiedad transitiva ha dejado huella en el lenguaje de nuestros nutrimientos espirituales, tenemos apetitos intelectuales, manifestamos nuestro deseo devorando con los ojos a alguien o algo.

La magia de la comida también es arte alquímica de transformación del arte culinaria que con la complicidad de fuego, fogones, hornos, complicadas herramientas y recetas secretas, se consuma en un escenario bien similar al laboratorio de un alquimista.
<¿Dónde nace en el hombre tanta hambre de alimentos prohibidos?> se preguntaba Ovidio. Nace del inagotable hambre espiritual y del deseo de descubrimiento y experimentación del ser humano.

Pocos alimentos contienen en si una tradición histórica y una valor simbólico tan ricos como para formar una perfecta síntesis de lo dicho hasta ahora.
Fascinante y seductor, el chocolate uniendo accesibilidad y gusto de lo prohibido, ha sido adorado, venerado, demonizado, siempre ha desempeñado un papel de excelencia desde los albores de su historia.

Comida de dioses para los Maya y los Aztecas, fruto precioso del Nuevo Mundo llegado a Europa en secreto y ocultado por los españoles durante largo tiempo al resto de países europeos, siempre ha representado un placer especial que tiene que ser cultivado y custodiado. Desde la infancia aprendemos a considerarlo un premio para merecer o una consolación, un refugio o un estimulante para superar los momentos difíciles.
Desde su descubrimiento España mantuvo secreta la receta durante casi un siglo y parece que solamente se preparaba en algunos monasterios dominicos.
Esto hasta que un italiano, Antonio Carletti, como un agente secreto, consiguió la formula en 1606 y comenzó a difundirla.


Entre leyenda e historia

Según los botánicos, el arbol del cacao crecía de forma espontánea ya, 4.000 años antes de Cristo en el río Orinoco y en el río Amazonas. Los primeros en cultivarlo fueron probablemente los Maya que lo introdujeron en el Yucatán durante las migraciones del siglo XVII antes de Cristo. Desde aquí el cultivo se difundío más al sur, en el actual Méjico, gracias a los Toltecas, pueblo anterior a los Aztecas en la historia de centro América. La dominación azteca implicó la sumisión del pueblo totelca y de todas las poblaciones que adoraban el Sol y la Serpiente con plumaje, es decir Quetzalcoati, dios fundador de la estirpe y la cultura precolombina en Méjico. Precisamente a Quetzalcoati los Aztecas hicieron referencia para justificar el origen del cacao. Sus semillas eran un bien preciado al que se le atribuían valores místicos y religiosos y también era utilizadas como unidad de cálculo. Las semillas de cacao constituían unidad de medida y de moneda, aunque su función más importante era la culinaria. Después de ser tostado, molido, mezclado con líquido y batido hasta ser espumoso, el cacao se servía como principal ingrediente de una bedida llamada “xocolati”. Este preparado amargo y escasamente apetecible se parecia muy poco al cacao dulce y agradable que conocemos hoy. No obstante, los Aztecas sabían que una taza de xocolati eliminaba el cansancio y estimulaba las fuerzas fisicas y mentales.
Como para las plantas de elevado significado social y simbólico, el cacao se consideraba una planta divina. Narra una leyenda azteca que una princesa encargada de la custodia de los bienes de su esposo durante una guerra, fue asaltada por enemigos que inutilmente intentaron saber donde estaba escondida su fortuna. Para vengarse la mataron y de la sangre vertida de la esposa fiel nació la planta del cacao. El fruto esconde un tesoro de semillas, amargas como los sufrimientos del amor, fuertes como la virtud, levemente rojizas como la sangre. Era el don de Quetzalcoati a la fidelidad pagada con la muerte, la misma fidelidad que en el inmenso imperio azteca, ataba los súbditos al emperador.

Siglos despertando pasiones

El chocolate ha sido bebida predilecta de papas y emperadores y el recorrido histórico de sus seguidores es realmente digno de asombro. Moctezuma fue seguramente el primero en degustar asiduamente la bebida de semillas de cacao que creía que venía directamente del paraíso. Algo de paradisíaco tuvieron que tener las valiosas semillas cuando, para consentir su comsumo durante los períodos de ayuno, se incomodó nada menos que un papa, Pio V, que en 1569, proclamó oficialmente que una taza de chocolate, en cuanto liquida, era permitida en esas circunstancias....

Literatos y artistas fueron sus principales cantores, seducidos por su corroborante y sensual magia. Debemos a Goethe el uso de ofrecer flores y bombones a nuestro ser amado, Voltaire y Flaubert consumían abundantes dosis cotidianas para sostener su



talento, Mozart hizo inmortal su deseo en la opera y Proust decanta su gusto en las páginas de la Recherche.

A las voces de Tchaicovskij y Strauss, Stendhal y Manzoni se añaden las de verdaderos expertos en el arte de la seducción -como Casanova y D´Annunzio- al coro de alabanzas en honor del chocolate.
Pero hoy en día en defensa de tan extraordinario y legendario alimento finalmente también se levantan las voces de dietólogos y nutricionistas para despejar las dudas y los cotilleos que la noble sustancia había atraído sobre sí.
Un moderno análisis de las más de 120 sustancias que componen la semilla de cacao ha demostrado la positividad de sus efectos tanto desde el punto de vista psicológico como físico. La neurofisiología del chocolate presume de virtudes tónicas y antidepresivas, estimulantes de la creatividad y el aprendizaje y, hecho realmente digno de un alimento paradisíaco, puede prolongar las sensaciones de placer. Pero sobretodo, cosa inesperada, dada la prolongada acusación, la aportación calórica de un cuadradito de chocolate es igual y no superior al de un trozo de pastel de frutas, y el contenido de colesterol de una taza de chocolate es igual al de 100 gr de yogurt natural.

Cálida fuente de energía

El chocolate es un concentrado de energías de fácil asimilación y fácil consumo para el organismo, por este motivo se contempla en la dieta energética de exploradores, soldados, atletas. Pero cuidado: su valor excitante es diez veces menos que el del café.
La ciudad de Londres, desde 1667, ha dedicado a esta comida de dioses – ésta es la traducción de su nombre científico theobroma – lugares especiales de culto y degustación. Y siguiendo la tradición, aún hoy Inglaterra hospeda la sede de la Chocolate Society, cuyos miembros saben reconocer con solamente una degustación los diferentes tipos de cacao con relación a su procedencia, mezcla y variedad.
También existen museos dedicados al chocolate. Los más famosos son uno cerca de Lugano, Suiza y el otro en Pennsylvania dentro de una fabulosa . En España existe en Barcelona el Museu de la Xocolata, donde se pueden visitar las máquinas de elaboración y realizar degustaciones de mano de los mayores expertos de la ciudad.
Y termino de escribir, con un bigote de chocolate en el labio, relamiéndome de gusto después de tanta dulzura y parafraseando a Oscar Wilde: